María Isabel Ambrosio – Alcaldesa

XXX ANIVERARIO REAPERTURA DEL GRAN TEATRO

Festejar las tres décadas de la reapertura del Gran Teatro, es sin duda uno de esos auténticos regalos, que se pueden tener a lo largo de un mandato como alcaldesa de esta ciudad.

Intentar plasmar en palabras las sensaciones y los recuerdos y que me produce este espacio, es sin duda una tarea difícil, porque hablar del Gran Teatro, es para mi hacerlo de algo muy grande.

Mis recuerdos de esa platea y de esos palcos, siempre van ligados a lo que para mi, eran grandes acontecimientos cargados de emociones e impaciencia. Asistir a un concierto o una representación escénica era una fiesta en toda la extensión de la palabra y lo era desde mucho antes de que llegara el día, porque en definitiva, ocupar una butaca del Gran Teatro eran palabras mayores.

El imaginario colectivo de esta ciudad, tiene en ese escenario la cumbre máxima del teatro, la música y de cualquier acontecimiento social que se precie en nuestra ciudad. Nuestros artistas son grandes cuando se han subido a sus tablas, el carnaval se doctora cuando se descorre su telón, la Semana Santa se pregona a los cuatro vientos desde su proscenio, la guitarra lo tiene como su auténtica casa durante su festival anual y el flamenco … el flamenco reconoce este lugar, como uno de sus máximos templos, como lo demostró el hecho, de el elegido para su gala de reinauguración de hace tres décadas, fuera ni más, ni menos, que el undécimo Concurso Nacional de Arte Flamenco.

El Gran Teatro es además un auténtico crisol, en el que se funden y tienen cabida, todas las sensibilidades y estratos sociales que componen esta ciudad. Desde que volvió a abrir sus puertas, nunca ha sido coto de nada, ni de nadie. A todos se ha ofrecido y todas y todos han podido disfrutar de lo mejor del mundo de la música y la escena en los últimos treinta años.

Como decían Ana Belén y Victor Manuel de la Puerta de Alcalá, toda la vida pasa por la mirada de este Gran Teatro, sin el cual sería muy difícil entender la Córdoba actual y por supuesto su cultura.

Quiero reconocer desde estas líneas el tesón y los desvelos de, tantos cordobeses y cordobesas, gracias a quienes, el Gran Teatro sigue gozando de una excelente salud, en lugar de haberse convertido en bloques de viviendas, como a punto estuvo de ocurrir. Entre todos ellos me permito subrayar las figuras de Joaquín Martínez Bjorkman, abogado y senador y del teniente de alcalde delegado de Cultura, Miguel Salcedo Hierro, auténticos artífices de su supervivencia.

En cualquier caso, este emblema cordobés no sería más que un enorme edificio, frío y distante, si no fuera por el cariño que recibe de la ciudadanía, que se siente orgullosa, que presume de él y que lo llena de cariño a la menor oportunidad. Pocas veces un teatro habrá sido tan querido como lo es el Gran Teatro por las cordobesas y los cordobeses.

Quiero terminar parafraseando a mi antecesor Herminio Trigo, cuando en su discurso de reinauguración, aseguró que el Gran Teatro “no es solo un edificio noble, singular e histórico, ni un capítulo importante de la historia cultural de Córdoba, sino un pedazo de nosotros mismos. Y eso no tiene precio”. Treinta años después, este “pedazo de nosotros mismos”, sigue siendo el corazón y el latido de la cultura cordobesa.

María Isabel Ambrosio
Alcaldesa de Córdoba